Hay juegos que necesitan un tráiler entero para engancharte y otros que lo consiguen con una sola imagen. Blast Vein es de los segundos. Este shooter en primera persona se presenta con una identidad visual que no se parece a casi nada: todo en blanco y negro, dibujado con una tinta espesa que cruza el cómic más sucio con la pesadilla. Y detrás de esa fachada hay lo que apunta a ser una fiesta de disparos.

Un shooter que entra por los ojos

Lo primero que salta a la vista —y lo que probablemente te haga frenar el scroll— es el apartado artístico. Blast Vein renuncia por completo al color y levanta su mundo a base de negros profundos, blancos que casi queman y un grano que recuerda a una fotocopia gastada mil veces. Por momentos la imagen tiembla y se descompone en franjas de color, como si la señal fallara, y ese pequeño truco basta para que todo se sienta enfermo, inestable, a punto de romperse. No es un filtro puesto por encima: es el carácter del juego.

Figura de muchos brazos rodeada de manos alzadas en el arte en blanco y negro de Blast Vein
El blanco y negro de Blast Vein bebe del cómic de tinta y del terror más viscoso · Imagen del estudio

Acción a quemarropa en un mundo de tinta

Debajo de esa capa tan llamativa hay un shooter que no da mucha tregua. Por lo que enseña el material, el juego te suelta en corredores oscuros y espacios cerrados donde toca moverse rápido, vaciar cargadores y no quedarte quieto ni un segundo. El contador de balas siempre presente, un indicador con forma de ojo que vigila tu estado y armas pesadas que escupen plomo dibujan una jugabilidad directa, callejera, sin adornos. Aquí no se viene a admirar el paisaje; se viene a aguantar de pie.

Corredor oscuro de Blast Vein con un enemigo al fondo, visto desde el arma del jugador
Penumbra, siluetas que aparecen de la nada y el gatillo siempre a punto · Imagen del estudio

Míralo en movimiento

Una cosa es leerlo y otra verlo temblar en pantalla. El tráiler condensa en poco tiempo de qué va todo esto: el estilo, los enemigos y el caos de los tiroteos. Dale al play y lo entenderás en dos minutos.

Blast Vein — Tráiler · YouTube

Enemigos salidos de una pesadilla

Si el estilo es el gancho, el bestiario es el anzuelo. Blast Vein se recrea en criaturas imposibles: figuras de muchos brazos abiertas en cruz entre cables y mangueras, masas de ojos que flotan sobre marejadas de manos alzadas, estatuas enormes con cara de deidad serena que lo preside todo desde arriba. Hay un poso de iconografía religiosa retorcida en cada encuentro, ese punto en el que lo sagrado y lo grotesco se rozan. Y contra todo eso te plantas con un arma en la mano y muy poco margen para dudar.

Criatura flotante de ojos sobre una multitud de manos alzadas en Blast Vein
Manos que se alzan y criaturas flotantes: el bestiario no se anda con timideces · Imagen del estudio

Por qué lo tenemos en el radar

Shooters en primera persona sobran, pero los que se atreven a verse así no aparecen todos los días. Blast Vein tiene ese algo que dan ganas de probar aunque sea por curiosidad, por comprobar si su mundo en blanco y negro aguanta más allá del primer impacto. Queda por ver cuánta miga hay bajo la superficie —variedad de armas, duración, ritmo—, pero como carta de presentación cuesta ignorarlo. Nosotros ya le hemos echado el ojo, nunca mejor dicho.

Estatua colosal con rostro de deidad en un entorno oscuro de Blast Vein
Los jefes tienen un aire de altar profanado que se queda contigo · Imagen del estudio